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El tiempo, el paso del tiempo, el uso que le damos a cada hora, de nuestro día, puede traernos inquietud, estrés, múltiples pensamientos acerca de este tema


El tiempo, qué es el tiempo
sino un concepto hueco
que nos mantiene presos
Poema surgido desde la sensación sentida
del libro Poemas del Viento, 2012, por Cecilia Burgos

Han pasado ya casi cuatro meses de este novel año en un abrir y cerrar de ojos, no lo sienten así? Escucho muchas veces comentarios al respecto, como si algo de este año ya se hubiese escurrido sin que nos diéramos cuenta.

El tiempo, el paso del tiempo, el uso que le damos a cada hora, de nuestro día, puede traernos inquietud, estrés, múltiples pensamientos acerca de este tema. Dediquémonos a observar qué tipo de pensamientos, sensaciones aparecen acerca del tiempo. “No me alcanza el tiempo”, “ No tengo tiempo para nada”, “Ya se acabó el fin de semana”, “Uff lunes!” “ Por fin viernes”, “La semana tendría que tener ocho días, de los cuales tres en fin de semana”, “El día tendría que tener 48 horas”, “No tengo tiempo ni de dormir”.
y podrían seguir, y seguir.

Muchas de ellas se refieren al tiempo de ocio que parece escaso, y al tiempo que dedicamos al trabajo que parece que se avecina como una tormenta no deseada en nuestra vida, porque pesa, o porque cuesta reiniciar. Y por lo general estas frases son generalizaciones que quizás hemos escuchado desde niños en nuestros entornos familiares.
Investigaciones recientes han demostrado que nuestros pensamientos crean realidades. Y que esta manera de nombrar el tiempo para cada uno, termina siendo como una profecía autocumplida. Si creo que no tengo tiempo para nada, y lo digo una y otra vez, algo de mi energía se va en esa frase, esa energía que parece una queja, y no puedo enfocarme en lo que sí tengo que hacer o mejor en lo que elijo hacer.

La clave es elegir, elegir a cada momento algo que necesita ser hecho por mí, o no hecho. Es decir quizás elijo descansar, sentarme un rato en el jardín o en un sillón a reposar. Quizás puedo hacer una lista de todo eso que está por delante, y hacer una pausa de conexión conmigo y preguntarme: Qué de todo esto es necesario y prioritario hoy, con qué cosa, tarea, etc mi día se sentiría más completo, o me iría a dormir más satisfecho si qué de estas cosas, tareas, etc se realizan hoy?

Algo comienza a despejarse de este modo. Y la profecía de “No tengo tiempo para nada” comienza a derretirse, a despojarse del tono quejoso para poder notar que puedo elegir. Que hay espacio para algo más. Y que desde eso más espacioso dentro mío puede surgir mayor claridad, conexión, libertad. Aparece una nueva opción: Puedo elegir en qué usar mi tiempo.

Y si a ese tiempo comienzo a agregarle pequeños momentos de atención plena a lo que estoy haciendo, por ejemplo: Ordenar un cajón, estar allí presente, tocando las texturas de lo que ordeno, ya sean medias, remeras, observando los colores, dándome cuenta si mi mente acompaña ese momento o se va a cualquier otro lado, donde están mis pensamientos cuando hago una sencilla tarea? ¿Dónde van? Respiro. Inhalo. Exhalo. Estoy aquí, ahora, ordenando este cajón. Tomando este par de medias en mis manos. Aquí.
Inhalo, exhalo. Aquí y ahora en este momento. Dónde estoy? sino es aquí. ¿Qué tiempo tengo?
Sino es ahora.
Este instante.
Pleno así como es.
Simplemente perfecto.

  • 27/04/22
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